
El documento, desarrollado por el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan), advierte que el sistema educativo peruano ha logrado ampliar su cobertura y mejorar algunos indicadores estructurales, pero mantiene desafíos persistentes vinculados al acceso, la permanencia escolar y la calidad de los aprendizajes. Estas brechas se expresan con mayor intensidad en los territorios rurales y en los sectores de menores ingresos.
Demanda docente y expansión del sistema
A escala mundial, el informe del Observatorio Nacional de Prospectiva del Ceplan recoge estimaciones que proyectan la necesidad de cerca de 44 millones de nuevos docentes hacia el año 2030 para garantizar la educación básica universal. Esta demanda responde tanto al crecimiento de la población escolar como al retiro progresivo de profesores del sistema educativo.En América Latina y el Caribe, así como en el Perú, esta tendencia se replica. Entre 2012 y 2024, el país incorporó más de 116 mil nuevos docentes a la educación básica regular, con un crecimiento más marcado en el nivel inicial. Este incremento ha permitido ampliar la cobertura educativa, aunque plantea la necesidad de reforzar la formación docente, mejorar las condiciones laborales y promover la permanencia en la carrera magisterial como factores determinantes para sostener la calidad del servicio educativo.
Mayor nivel educativo, pero con brechas persistentes
El análisis también muestra un aumento progresivo del nivel educativo alcanzado por la población peruana. Si bien las proyecciones indican que ningún país lograría universalizar la educación secundaria hacia 2030, el Perú registra un mayor número de estudiantes que culminan este nivel, así como una expansión sostenida de la educación superior.No obstante, persisten brechas territoriales y sociales que condicionan el acceso y la continuidad educativa. Las diferencias entre zonas urbanas y rurales, así como entre regiones, continúan influyendo en las oportunidades educativas, especialmente en contextos donde la infraestructura, el acceso a servicios básicos y la conectividad resultan limitados.
Permanencia escolar y desigualdades territoriales
Uno de los indicadores clave analizados es la Esperanza de Vida Escolar (EVE), elaborada por el Ministerio de Educación (Minedu). En 2024, este indicador alcanzó los 14,5 años, superando los niveles registrados antes de la pandemia del Covid-19. Esta cifra refleja una mejora en la permanencia de niñas y niños dentro del sistema educativo.Sin embargo, el informe advierte que las diferencias entre ámbitos urbanos y rurales siguen siendo significativas. Las regiones con mayores niveles de pobreza presentan menores expectativas de vida escolar, lo que evidencia que el acceso a una educación continua y de calidad aún no se distribuye de manera equitativa en el país.
Inversión pública y presupuesto educativo
El estudio resalta la importancia de la inversión pública en educación como condición necesaria para mejorar los aprendizajes. Aunque un mayor gasto no asegura resultados inmediatos, la evidencia internacional indica que los países con menor inversión por estudiante suelen registrar desempeños educativos más bajos.En este contexto, el Gobierno del Perú ha asignado para el año 2026 un presupuesto histórico de 48 707 millones de soles al sector Educación, equivalente al 18,9 % del presupuesto nacional. Este monto supera en 296 millones de soles al presupuesto de 2025 y posiciona al país por encima del promedio de inversión educativa de América Latina y el Caribe.
El crecimiento sostenido del presupuesto desde 2023 prioriza mejoras remunerativas para docentes y el fortalecimiento de la infraestructura educativa. Además, el 64 % de estos recursos será ejecutado por gobiernos regionales y locales, con el objetivo de reforzar la gestión educativa y reducir las brechas en el acceso y la calidad del servicio.
Transformación digital y aprendizajes
Otro de los desafíos identificados es la transformación digital del sistema educativo. Si bien el acceso a internet y a dispositivos tecnológicos ha aumentado en los últimos años, persisten rezagos importantes en alfabetización digital, entendida como la capacidad de utilizar la tecnología de forma crítica, segura y productiva.Esta brecha limita el aprovechamiento de la innovación tecnológica, reduce oportunidades laborales futuras y profundiza las desigualdades educativas. A ello se suma el estancamiento de los logros de aprendizaje, particularmente en áreas como matemática y lectura, donde los resultados de evaluaciones nacionales muestran avances puntuales, pero niveles aún insuficientes en comparación con periodos anteriores.
Desde el enfoque prospectivo del Ceplan, estas tendencias confirman la necesidad de políticas integrales y de largo plazo que articulen una inversión sostenida en educación, la mejora de la formación docente, el fortalecimiento de la infraestructura, el uso pedagógico de la tecnología y el cierre acelerado de brechas digitales y territoriales. El desempeño del sistema educativo en los próximos años dependerá de la capacidad de atender estos factores de manera coordinada y continua.




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