
El 19 de enero de 2026, el Servicio Meteorológico del Reino Unido (Met Office) emitió una alerta amarilla por un evento geomagnético clasificado como G3, con posibilidad de intensificarse a G4. Horas después, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó condiciones severas de nivel G4, alertando sobre interferencias en navegación satelital, errores en sistemas de posicionamiento y eventuales afectaciones a redes eléctricas.
Alertas internacionales ante eventos solares
En países con sistemas consolidados de meteorología espacial, este tipo de avisos forman parte de protocolos regulares. El Met Office traduce datos técnicos en mensajes claros para autoridades, operadores de infraestructura crítica y ciudadanía, utilizando una escala geomagnética que va de G1 a G5. La NOAA, por su parte, mantiene plataformas actualizadas en tiempo real con advertencias específicas para sectores como aviación, telecomunicaciones y energía.Estas alertas permiten que aerolíneas ajusten rutas, que operadores de redes eléctricas adopten medidas preventivas y que servicios que dependen del GPS reduzcan riesgos operativos. La diferencia con el caso peruano no radica en la ausencia de información científica, sino en la falta de un sistema administrativo que convierta esos datos en comunicaciones oficiales.
El Observatorio de Jicamarca y su rol científico
Perú alberga el Observatorio de Jicamarca, administrado por el Instituto Geofísico del Perú (IGP). Se trata de uno de los radares ionosféricos incoherentes más potentes del mundo, especializado en el estudio de la ionosfera ecuatorial. Desde esta infraestructura es posible detectar fulguraciones solares, analizar eyecciones de masa coronal, medir variaciones del viento solar y registrar perturbaciones geomagnéticas que afectan directamente la precisión del posicionamiento satelital y las comunicaciones de radio.Durante eventos como la tormenta solar de enero, el Observatorio cuenta con la capacidad técnica para observar cómo la ionosfera sobre el territorio peruano responde a la actividad solar. Sin embargo, estos registros suelen permanecer en el ámbito académico o técnico, sin traducirse en alertas dirigidas a la población o a sectores estratégicos.
Una brecha entre ciencia y comunicación
Especialistas en gestión del riesgo y comunicación científica coinciden en que el problema no es la falta de monitoreo, sino la ausencia de un protocolo nacional de alerta de clima espacial. A diferencia de los sistemas establecidos para sismos o tsunamis, no existe un mecanismo que determine cuándo y cómo el IGP debe emitir avisos oficiales ante tormentas solares.Esta brecha tiene implicancias prácticas. Interferencias temporales en señales de navegación, degradación de comunicaciones de alta frecuencia o errores en sistemas de sincronización pueden afectar operaciones aéreas, marítimas y de telecomunicaciones. En otros países, estas advertencias permiten anticipar ajustes técnicos; en Perú, la falta de comunicación limita esa capacidad de respuesta.
Impacto potencial de las tormentas solares
De acuerdo con el Met Office, una tormenta geomagnética de nivel G3 puede generar interferencias en GPS y comunicaciones de radio, mientras que un evento G4 incrementa el riesgo de problemas de control de voltaje en redes eléctricas. La NOAA señaló que, si bien un apagón generalizado es poco probable, sí pueden presentarse desconexiones temporales y ajustes técnicos para proteger equipos sensibles.La meteoróloga Krista Hammond, responsable de meteorología espacial del Reino Unido, explicó que la eyección de masa coronal que originó el evento fue liberada el 18 de enero y viajó a mayor velocidad de lo previsto, reduciendo el tiempo de anticipación. Esta variabilidad es habitual en fenómenos solares y refuerza la necesidad de sistemas de alerta ágiles.
Una oportunidad para el liderazgo regional
La ausencia de alertas oficiales ante eventos de clima espacial no responde a una falta de capacidad científica, sino a una brecha en los mecanismos de comunicación pública. Con su ubicación en el cinturón ecuatorial y la infraestructura del Observatorio de Jicamarca, Perú cuenta con condiciones singulares para observar cómo las tormentas solares interactúan con la ionosfera en una de las regiones más sensibles del planeta.Desde Jicamarca es posible seguir en tiempo real la evolución de estos fenómenos y evaluar su impacto sobre GPS, comunicaciones y sistemas satelitales que operan sobre el país y la región. Esta capacidad permite no solo generar conocimiento científico, sino también anticipar efectos que inciden en actividades estratégicas como la aviación, las telecomunicaciones y los servicios de navegación.
Especialistas plantean la necesidad de crear un sistema nacional de alertas que articule al IGP con entidades como Defensa Civil y otros sectores estratégicos, de manera similar a los protocolos existentes para sismos o tsunamis. Integrar la información producida por el Observatorio en un esquema de comunicación oficial permitiría que los datos científicos se traduzcan en información útil para la toma de decisiones.
La tormenta solar de enero de 2026 evidenció que el clima espacial no es un fenómeno lejano ni exclusivamente académico. Sus efectos alcanzan tecnologías que forman parte de la vida cotidiana. Perú ya cumple con la observación científica; el reto pendiente es convertir ese monitoreo en alertas oportunas que acompañen la gestión del riesgo y el funcionamiento de los servicios críticos.




Comentar esta noticia