De criar niños a formar ingenieros: Tres lecciones de crianza que están revolucionando las aulas de ciencia



De criar niños a formar ingenieros: Tres lecciones de crianza que están revolucionando las aulas de ciencia
Docentes e investigadoras de UTEC reflexionan sobre cómo la empatía, la escucha y la conexión humana están transformando la manera de enseñar en carreras STEM.

En un contexto donde las nuevas generaciones enfrentan altos niveles de presión académica y emocional, cada vez más docentes están replanteando la forma de enseñar dentro de las aulas. En carreras vinculadas a ciencia, tecnología e ingeniería -históricamente asociadas a modelos rígidos y altamente técnicos- hoy empiezan a ganar espacio habilidades como la empatía, la escucha y el acompañamiento humano.

Para muchas profesionales, esa transformación también ha estado influenciada por la maternidad.

En el marco del Mes de la Madre, tres docentes e investigadoras de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC) reflexionan sobre cómo su experiencia personal impactó en la manera en que hoy lideran, enseñan y conectan con sus estudiantes.

En el Perú, las mujeres representan alrededor del 32% de investigadores, según cifras del Concytec. En disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), abrirse camino continúa siendo un desafío, no solo por las brechas de género, sino también por las exigencias de carreras que históricamente priorizaron el rendimiento técnico sobre las habilidades humanas.

Una mirada más cercana a la enseñanza

Para Alejandra Ratti, directora del Centro de Bioingeniería de UTEC, enseñar implica hoy acompañar procesos de crecimiento mucho más amplios que lo académico.

“Es inevitable que el lado humano aparezca también en el aula; no solo ves estudiantes, ves personas a las que quieres acompañar en su crecimiento”, comenta.

Desde su experiencia, generar espacios de confianza y conexión resulta especialmente importante en carreras de alta exigencia, donde muchos estudiantes enfrentan altos niveles de presión.

Por su parte, Claudia Antonini, docente de Ingeniería Industrial, considera que la maternidad fortaleció habilidades que hoy también aplica dentro de sus equipos y clases.

“Ser madre, esposa y profesional al mismo tiempo requiere un equipo. Eso me enseñó la importancia de escuchar, organizar y acompañar mejor a las personas”, explica.

Para ella, la educación no debería enfocarse únicamente en formar profesionales competitivos, sino también personas capaces de colaborar, adaptarse y construir relaciones saludables.

En tanto, Katya Zegarra, docente de Física, encontró en la curiosidad una de las herramientas más importantes para despertar el interés por la ciencia.

“Al ver cómo los niños descubren el mundo, entendí la importancia de mantener viva esa curiosidad”, señala.

Esa reflexión la llevó a desarrollar clases más dinámicas y cercanas, buscando que los estudiantes puedan relacionar la ciencia con experiencias cotidianas y reales.

Más allá de sus especialidades, las tres docentes coinciden en que enseñar ciencia hoy implica mucho más que transmitir conocimientos técnicos. También supone acompañar procesos personales, inspirar confianza y formar estudiantes capaces de cuestionar, crear y trabajar en equipo.

Sus experiencias reflejan además cómo nuevas formas de liderazgo femenino vienen transformando progresivamente los espacios STEM desde una mirada más cercana y humana, donde la exigencia académica puede convivir con la empatía y la conexión con los estudiantes.


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